CINQUE TERRE, vino y poesía en la riviera italiana.
Al norte de Pisa, más allá de La Spezia, se encuentra el parque nacional de Cinque Terre, diez kilómetros de costas casi inaccesibles, declarados Patrimonio de la Humanidad, donde se esconden cinco pueblos insólitos, entre precipios de vértigo y bancales cubiertos de viñas y limoneros.

Riomaggiore - Cinque Terre
Cuando empiezas a descender por la carretera provincial apenas se intuye que en este minúsculo rincón de Liguria se conserve casi intacto uno de los paisajes más extraordinarios del Mediterráneo.
Al llegar a Monterosso al Mare, con su casco de viejo de casas multicolores, no puedes dejar de admirar la costa mientras pruebas sus famosas anchoas en aceite. Continuando el camino hacia Vernazza, se confunden las viñas con olivos, y percibimos los restos de su castillo, dominando su pequeño puerto natural en forma de anfiteatro. La plaza del pueblo es una verdadera joya, y sigue manteniendo todo el espiritu de años atrás. Cerca de la estación de tren sale una larguísima escalinata, con cerca de 400 escalones, que conduce hasta Corniglia, el único pueblo de Cinque Terre alejado del mar. Una vez en Corniglia, se puede admirar desde el Belvedere, una magnifica terraza, cómo los bancales plantados desafían el vértigo y no se precipitan al mar.

Vernazza - Cinque Terre
El siguiente pueblo es Manarola, el cuál esta rodeado completamente por viñedos, extendiéndose como una mancha de color rosado a lo largo del curso de un torrente. Es un buen lugar para conocer cómo han sido construídos los bancales, como si fueran poesías en piedra, con franjas de brezo, parra e higueras para dar sombra en los momentos de descanso y un puñados de olivos y linoneros, colocados en lugares estratégicos. Con la fruta de estos últimos se elabora el limoncino.

Manarola - Cinque Terre

Manarola - Cinque Terre
Al final aparece Riomaggiore que toma su nombre del torrente que lo cruza. Es una villa marinera, quizás la más próspera de la comarca. Desde la plaza, delante de la iglesia, surge toda la costa hasta la misma Punta Mesco, en el otro extremo de la comarca.
Para llegar a Cinque Terre se puede hacer mediante coche, tren o yate privado :-), pero para moverse entre estos maravillosos pueblos, lo mejor es combinar a nuestro gusto el barco con las sendas a pié entre los viñedos de los acantilados.
Los hoteles son en general buenos. La mayoría son bed & breakfast y tiene todo lo necesario para poder descansar despues de una jornada de caminar y disfrutar de cualquier rincon de este parque natural. En esta ocasión estuvimos en IL PARCO, un acogedor y precioso bed & breakfast donde sus privilegiadas vistas no se pagan con dinero. Está en una colina, rodeado de centenarios olivos, a 500 del mar, en la población de Monterosso al Mare. Sus habitaciones son grandes, luminosos y decoradas con muy buen gusto. En su jardin te puedes perder y relajarte mientras tomas un auténtico desayuno italiano, con sus embutidos y panes típicos.
Los visitantes que busquen una concurrida actividad nocturna hasta altas horas de la noche y planes de este tipo se equivacarán con Cinque Terre. El visitante de Cinque Terre es un turista exigente con su tiempo libre y amante de la naturaleza y de los lugares auténticos que conservan su seña de identidad.
La gastonomía respeta los sabores primarios de los ingredientes. Es una cocina matizada por productos de la tierra, como el vino blanco seco de mesa con denominación de origen y llamado CINQUE TERRE, o el SCHIACCHETRÀ, un preciado vino de postre elaborado con una pasa. La comida es de muy buena calidad, predominando el pescado fresco de la zona y cómo no, la pasta. Los ingredientes del lugar usados en la cocina, como el tomate, el aceite de oliva, el pan, el delicioso vino blanco de vernazza, hacen de sus platos auténticos manjares de sabor único en el mundo. El ratio calidad/precio de la comida es superior al de la costa levantina española, haciendo las delicias de los amantes de la cocina típica de los pueblos pescadores del mediterráneo.

